🌿 Diario del Camino – Etapa 1: Sarria a Portomarín
- Ana Fatima Rivera Aguirre
- 11 may 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 24 may 2025

27 km de emociones, aprendizajes y paisajes que se quedan en el alma
8 almas viajeras dispuestas a disfrutar y enfrentar el reto.
Iniciamos el Camino con el corazón lleno de ilusión, alegría y expectativas. Teníamos toda la energía del mundo, pero también… un poco (o mucho) de miedo. ¿Seríamos capaces? ¿Podríamos enfrentar el reto físico, emocional y espiritual que implica cada paso?
Sabíamos que el primer y segundo día del Camino Francés eran los más intensos. Y así fue. Salimos de Sarria y pronto nos envolvieron los bosques gallegos, riachuelos cristalinos y verdes de todos los tonos que parecía que solo existen en cuentos. El norte de España es sencillamente espectacular, y Galicia, una joya natural.
Ese primer día fue especial. No solo por los paisajes, sino porque comenzamos a abrir nuestros corazones. Conversamos entre peregrinas sobre nuestras vidas, nuestras pruebas, y lo que nos llevó a este camino. Cada una a su ritmo, y eso era importante. Respetar el paso del otro fue uno de los primeros grandes aprendizajes.
Durante la ruta, cada dos o tres kilómetros encontrábamos lugares para descansar, comer algo, usar el baño o simplemente contemplar. Viajamos en abril, en plena Semana Santa, así que había muchos turistas, pero también muchos momentos de silencio, de encuentro contigo misma. El Camino te regala esa dualidad: compañía y soledad. Ambas necesarias.
Después de más de 27 kilómetros recorridos, llegamos a Portomarín con el cuerpo agotado, pero el alma feliz. La vista desde el puente, el río, las escaleras famosas que te reciben al entrar al pueblo… todo era mágico. Nos hospedamos en el Hotel Villa Jardín, un lugar cálido, con una vista preciosa y atención muy amable. ¡La cena fue gloriosa! Ese día descubrimos por qué el "menú del peregrino" es tan abundante: después de caminar tanto, lo necesitas todo.
✨ Reflexiones del día
El camino es individual. Cada persona tiene su ritmo, sus pausas, sus silencios. Y así es la vida. No hay que ir más rápido ni más lento… solo a tu paso.
Nunca te compares. Tu camino es tuyo, único y valioso.
No estás sola. Aunque camines sola, la naturaleza te acompaña. Escuchar los pájaros, ver los paisajes, sentir la presencia de Dios en cada rincón… es un recordatorio constante de que siempre hay algo o alguien contigo.
El cuerpo se cansa, pero la mente dice “un paso más”. Y así, pasito a pasito, llegás. Aunque pienses que no podés,y…. sí podés.
Subir las gradas de Portomarín después de 27 km fue un reto… pero también una metáfora perfecta de la vida. Cuando creés que ya no podés más, aparece otro desafío. Y también la fuerza para superarlo.
Primer día glorioso. ¡Lo logramos!
¡Buen camino!














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