O Pedrouzo a Santiago Compostela
- Ana Fatima Rivera Aguirre
- 23 jun 2025
- 2 Min. de lectura
La etapa más retadora, la llegada más poderosa.
El último día del Camino de Santiago fue, sin duda, el más difícil… y también el más inolvidable.
Partimos de O Pedrouzo rumbo a Santiago de Compostela bajo una lluvia intensa, con frío y con el cuerpo ya cansado después de tantos días caminando. Yo estaba enferma, con el ánimo debilitado, pero con la determinación intacta. No era el mejor día físicamente, pero sí era el más esperado.
Salimos en dos grupos. Las primeras harian 20 kilometros. Nosotras fuimos en el segundo, y el dueño del hotel —con una generosidad que no olvidaré— nos llevó hasta el inicio del trayecto para que pudiéramos caminar los últimos 10 kilómetros. Llevábamos nuestros chubasqueros, bastones, mochilas y corazones listos para cerrar este viaje.
Caminamos bajo la lluvia, apurando el paso para no mojarnos tanto… hasta que vimos a una niña bailando bajo la lluvia, disfrutando como si el mundo se hubiera detenido. Y allí lo comprendimos: este tramo no solo había que caminarlo, ¡había que vivirlo!
Éramos cuatro caminando, tres un poco adelante y una detrás, cada una a su ritmo, pero juntas en propósito. Lloré en el camino. Todo se había pasado tan rápido, tan intensamente. Llovía fuerte, no pudimos apreciar los paisajes… pero sí sentíamos la emoción de llegar, de cumplir, de cerrar este ciclo tan simbólico.
A mediodía, llegamos a Santiago. Las gaitas sonaban, la ciudad nos recibió con su energía única. Nos abrazamos, lloramos, agradecimos. No tomamos fotos frente a la catedral —la lluvia seguía— pero guardamos cada emoción en el alma. Era precioso ver a otros peregrinos encontrándose, llorando, celebrando.
Intentamos ir a misa, pero la cola era inmensa. Así que fuimos por nuestra Compostela (el certificado de peregrinas), nos cambiamos, nos secamos y esperamos al resto del grupo. Cuando llegaron… fue mágico. Verlas entrar, abrazarnos, sentir que todas lo logramos juntas fue indescriptible.
Esa noche fuimos a cenar, celebramos, y compartimos nuestros aprendizajes. Hablamos de la vida, de lo que soltamos, de lo que ganamos. Nos sentimos livianas, limpias, llenas de vida.
💫 El Camino fue todo: cuerpo, alma, amistad, superación y transformación.Y aunque llovió, nosotras brillábamos por dentro.














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